¿Qué es el feminismo? (III)

El feminismo socialista contemporáneo, también dentro de la segunda oleada feminista, parte de la idea que todo sistema de producción requiere de un sistema de reproducción. Para el feminismo socialista, las categorías clásicas del marxismo son insuficientes para entender y explicar la opresión de la mujer. Mientras que el feminismo liberal no tenía una interpretación materialista de la historia, el marxismo ha sido “ciega al sexo”.

Según el feminismo socialista contemporáneo, la teoría del doble sistema (capitalismo y patriarcado) hace que el trabajo de la mujer es doblemente aprovechado en sociedades patriarcales:

Por los hombres, dentro de la familia (patriarcado); y por el capitalismo, que rentabiliza el trabajo de la mujer en casa, porque mantiene al hombre listo y en buenas condiciones para trabajar. El feminismo socialista enfatiza que la totalidad de las relaciones sociales están “atravesadas” por la connotación de género como atributo clave.

El feminismo radical toma fuerza en los años setenta del siglo XX, dentro de la segunda oleada feminista. El feminismo radical se centra en las cuestiones relacionadas con la sexualidad. De esta corriente feminista surge la diferenciación entre los conceptos de sexo (diferencias biológicas entre hombres y mujeres) y género (diferencias asignadas socialmente a cada uno de los sexos). Este feminismo denuncia que la dominación del patriarcado no es un algo que nace  del capitalismo. Aunque el capitalismo llegara a desaparecer, las mujeres seguirían subordinadas al patriarcado en sociedades y familias en las que los hombres ostentan el poder.

Las feministas radicales afirman que el dominio económico de los hombres y la no remuneración del trabajo doméstico de la mujer refuerzan el mantenimiento del patriarcado y añaden que los hombres utilizan también la fuerza y el consenso generado por la socialización diferencial de géneros mediante un machismo implícito y socialmente aceptado tan asimilado que es “invisible” en nuestro día a día. Las convenciones sociales respecto de las relaciones sexuales, y la sexualidad en sí misma, constituyen una herramienta más entre las que usan los varones para mantener subordinadas y controlar a las mujeres.

 “Lo personal es político” (Kate Millet):photo_2017-04-10_20-28-24

Es uno de los eslóganes más conocidos de esta segunda oleada feminista. Esto implica que los representantes políticos (gobernantes, legisladores y
partidos) también tienen que responsabilizarse de las relaciones que se desarrollan dentro del ámbito de lo personal o privado. A esta reivindicación general, el feminismo radical ha añadido otra más precisa: que las mujeres sean capaces de controlar su propia fecundidad a través de acceso a métodos anticonceptivos, la interrupción voluntaria del embarazo, etc.

El feminismo radical se centra en las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, poniendo el énfasis en los asuntos relacionados con la sexualidad. El feminismo cultural, o de la diferencia, es una evolución de este feminismo radical.

Feminismo de la diferencia.

A partir de mediados de los años setenta del siglo XX se fue desarrollando el feminismo de la diferencia. Esta “rama” del feminismo nace a partir de la diferencia entre dos culturas bien definidas: la masculina, que se basaría, entre otras cosas, en la agresividad, la competitividad, la autoridad, el individualismo o la racionalidad; y la femenina, donde destacarían la empatía, la colaboración, la preocupación por los demás o la atención a los sentimientos.

El feminismo de la diferencia equipara la liberación de las mujeres al desarrollo y la preservación de la cultura femenina, señalando que la opresión de la mujer viene de la supresión de la esencia femenina. Las feministas de la diferencia defienden que las mujeres desarrollen una cultura aparte, separada de la de los hombres, que ensalce los valores femeninos por encima de los masculinos. Trata de valorar la naturaleza femenina por encima de la cultura masculina, especialmente por lo que respecta a la maternidad.

Al defender la existencia y el valor de una “subcultura” femenina, el feminismo de la diferencia, aleja a las mujeres del poder, ya que lo público, especialmente la política, suele ser de ámbito masculino. En realidad, este enfoque feminista reproduce, aunque con otro discurso, el mismo tipo de planteamientos han servido para mantener a las mujeres sometidas históricamente.

Por otra parte, entre los aspectos positivos de este feminismo de la diferencia podemos destacar la revalorización de las cualidades femeninas tradicionalmente menospreciadas, y recuperando el valor de la maternidad, marginada por otros feminismos.

La tercera oleada feminista.

Podemos hablar de una tercera oleada feminista en las democracias occidentales contemporáneas, que aparece de una combinación de las características propias del feminismo de la igualdad y del feminismo de la diferencia. Del feminismo de la igualdad toma la idea de la necesidad de que las mujeres accedan al ámbito público, sobre todo a los núcleos de poder, mientras que los hombres deben participar también en el ámbito privado (el cuidado de los hijos y la familia). Del feminismo de la diferencia, la idea que adopta es la de que las mujeres no deben adaptarse pasivamente a un ámbito público definido por unos valores masculinos, sino que deben transformarlo para que se reflejen también los valores femeninos.photo_2017-04-10_20-28-33

La tercera oleada feminista sostiene, que la incorporación de la mujer a un mundo “masculino” es insuficiente y, más aún, indeseable. Con este planteamiento aparece la necesidad de redefinir las relaciones de género entre hombres y mujeres. Mientras que las mujeres han cambiado enormemente sus roles, actitudes y comportamientos de género durante el siglo XX, los hombres no lo han hecho tanto.

Por tanto, de acuerdo con los argumentos de esta tercera oleada, son los hombres quienes deben revisar su modelo de “masculinidad”.

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¿Qué es el feminismo? (II)

Feminismos de la igualdad.

Con este nombre se suele agrupar a las diferentes corrientes de las denominadas primera y segunda oleadas feministas. Todas estas corrientes, reivindican  que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y oportunidades. También defienden una igualdad basada en que las diferencias entre hombres y mujeres no son naturales, sino que son producto de la socialización.

La primera oleada feminista surge a mediados del siglo XIX y dura hasta los años veinte del siglo pasado. Es un movimiento que nace simultáneamente en Gran Bretaña y Estados Unidos. Su aparición en España fue un poco más tarde (a principios del s.XX). De todas estas corrientes, podríamos decir que la principal sería el feminismo liberal (de orientación liberal-burguesa). Las representantes de esta corriente del feminismo son, sobre todo, mujeres de clase media que denuncian las contradicciones entre el discurso del liberalismo y la práctica discriminatoria de la mujer. Básicamente, reclaman la igualdad de derechos políticos (en particular, el derecho al voto, del que las mujeres estaban excluidas), educativos (acceso a estudios profesionales y universitarios) y laborales.

Aunque pueda parecer extraño, uno de los teóricos más destacados de esta corriente del feminismo, fue un hombre: John Stuart Mill. En 1886 lideró la primera petición a favor del voto femenino en la Cámara de los Comunes británica, de la que era diputado. En 1896 publicó The Subjection of Women (El Sometimiento de las Mujeres), un libro con el que pretendía convencer al mayor número posible de personas sobre la justa y necesaria reforma de una serie de leyes e instituciones que mantenían sometidas a las mujeres. Según Mill, la subordinación de la mujer representaba un obstáculo para el desarrollo de la humanidad. Además, decía que esa subordinación de la mujer, era una contradicción en un mundo moderno que pretendía superar el modelo anterior de sociedad estamental; en el que la vida de las personas había estado inevitablemente ligada a su condición de nacimiento (en el caso de las mujeres, su destino en la vida seguía estando ligado al hecho de haber nacido mujeres). Mill también denunciaba que los hombres perpetuaban esa subordinación de las mujeres mediante el tipo de educación que se les daba, lo que las impedía desarrollar una conciencia colectiva sobre su situación y cómo reaccionar conforme a ella.

Dentro de esta primera oleada feminista también se suelen aparecer algunos teóricos y activistas marxistas y socialistas utópicos (y algunos anarquistas) que hablan  sobre cuestiones relacionadas con la mujer (por ejemplo, Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, publicado en 1884). Recordemos que, aunque las mujeres de clase media estaban “vetadas” en el mercado de trabajo, las de clase obrera formaban una grandísima reserva de mano de obra (barata) durante la Revolución Industrial.

El marxismo y el socialismo afirmaban que el capitalismo se aprovechaba doblemente del trabajo de la mujer, por un lado en su parte productiva (mano de obra barata) y, por otro, en su parte reproductiva (proporcionando hijos-obreros al sistema). Según esto, era el capitalismo, y no los hombres, lo que mantenía a las mujeres subordinadas; con lo que una vez que la revolución proletaria acabara con el sistema capitalista, acabaría también la subordinación de la mujer.

A pesar de esto, en general, estas ideologías compartían el modelo de división sexual del trabajo: las mujeres pertenecían al ámbito de lo privado (el cuidado de la familia y los hijos), mientras que el ámbito público correspondía a los hombres.

Tras la obtención del sufragio universal en Estados Unidos (1920) y Reino Unido (1917 para mujeres mayores de 30 años; en 1928 se equiparó con la edad de los varones), las vertientes liberales y marxista-socialistas, se fueron deshinchando y, con ellas, la primera oleada feminista.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Simone de Beauvoir (de la que hablaremos más extensamente en otro artículo), reactivó el feminismo, dando lugar a lo que se conoce como la segunda oleada feminista. En 1949, publicó El Segundo Sexo, donde comentaba que las mujeres vivían su condición femenina a partir de la particular forma de ser que han construido los hombres para ellas. Aunque, durante un tiempo, Simone de Beauvoir pensó que la emancipación de la mujer sería posible con el triunfo del socialismo, en los años setenta se unió a la militancia feminista, pero no se planteaba la lucha feminista como una “guerra abierta” contra los hombres.

Las principales ideas de Simone de Beauvoir son las siguientes:

  • El género es una construcción social creada a través de la educación desde la infancia. Lo resume en la que puede ser su frase más famosa: “La mujer no nace, se hace”.Simone3
  • La maternidad es una “trampa” y una desventaja para las mujeres porque les impide dedicar el mismo tiempo y las mismas energías que los hombres en otros aspectos de la vida; incluidos el desarrollo intelectual y profesional
  • Es esencial la incorporación de la mujer al trabajo remunerado para su emancipación. Aunque es insuficiente si continúa sometida al trabajo doméstico.
  • La socialización del trabajo doméstico, a través del reparto del trabajo en el seno de la familia y no solo por parte del Estado, es esencial.

Por su parte, Betty Friedan (1921-2006) es una de las representantes más destacadas de la corriente del feminismo liberal dentro de la segunda oleada feminista. En sus obras La mística de la feminidad (1966) y, en particular, La segunda fase (1981) coincide con Simone de Beauvoir en subrayar la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo remunerado. En La segunda fase, se centra especialmente en el problema de la doble jornada laboral de las mujeres (en casa y en el trabajo) y en la segmentación del mercado de trabajo (que sigue vigente hoy en día), donde las mujeres reciben un menor salario por el mismo trabajo, y tienen más dificultades para acceder a altos cargos y puestos de responsabilidad).

Las proposiciones de Betty Friedan son parecidas a las que antes había formulado Simone de Beauvoir:

  • “Revolucionar la vida doméstica” coBetty-Friedann el reparto de tareas y la intervención del Estado en las que no puedan compartirse.
  • Una reforma institucional, en la que se tengan en cuenta las dificultades de inserción en la vida pública que sufren las mujeres por asumir la principal responsabilidad en las familias, con el reconocimiento por parte del Estado de reconocer que la propia existencia de la familia genera una serie de necesidades que es imprescindible cubrir.
  • Para conseguir esto, es necesaria la organización de las mujeres para presionar al Estado. En este punto, plantea una crítica implícita contra la ineficacia de otros movimientos feministas, reprochándoles el haberse desentendido del tema de la familia; algo que favoreció que se ocupasen de ese tema, casi exclusivamente, las élites políticas conservadoras, que atribuían a las feministas un discurso de rechazo a la familia y, por consiguiente, la destrucción de la sociedad.

El abandono del tema de la familia también restaba activos al movimiento feminista porque muchas mujeres, que concedían valor a la maternidad, no estaban dispuestas a unirse a él.

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¿De dónde surgen los conflictos de valores?

Los valores:

Podríamos definir los valores como los principios, ideales o cualidades vitales y morales que las personas mantienen y a los que tratan de ajustar sus comportamientos. Entre los valores más importantes que podemos encontrar en la política se pueden destacar la libertad, la justicia, la igualdad, la seguridad, el orden y la comunidad. Las personas suelen seguir, o preferir, estos principios e ideales por su utilidad para promover la dignidad humana y las relaciones civilizadas. Otros valores que se suelen considerar, aunque no siempre, pueden ser el medio ambiente saludable o vínculos familiares sólidos.

Hay valores que se usan políticamente para promover la democracia y otros que se usan para justificar la dictadura, como la libertad y el orden, por ejemplo. Las democracias defienden, entre otras cosas la libertad individual, mientras que las dictaduras basan su forma de gobierno en un orden extremadamente rígido; militar en muchos casos. Uno de los principales conflictos entre democracia y dictadura es el choque de valores, además del poder y los recursos que dijimos en otro artículo.

A veces, los conflictos de valores son porque, los valores políticos que defiende una sociedad chocan entre sí, dificultando o imposibilitando la realización de un valor sin debilitar el otro. Por ejemplo, la libertad y la igualdad suelen chocar: Una empresa “pierde” libertad en su forma de gestionarse para evitar conflictos con los trabajadores que quieren una igualdad de salarios o contra la discriminación por sexos. (Es un ejemplo un poco exagerado para dar una visión rápida del asunto). Para garantizar los derechos de los trabajadores, y un cierto nivel de justicia social, los Estados pueden interferir en la libertad de las empresas privadas.

Otro tipo de conflictos de valores, pueden ser los morales o éticos contra la libertad personal, como el derecho al aborto y la visión religiosa respecto a esa libertad de decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo.

Por lo general, algunas de las cuestiones más polémicas del mundo giran en torno a los valores.

Cuando a las personas se les niega la posibilidad de elegir a sus representantes políticos o de expresarse libremente, muchas son conscientes de que están siendo objeto de represión política. Cuando las personas sufren discriminación sistemática por motivos de sexo, orientación sexual, ideas políticas, creencias religiosas o identidades étnicas, no ignoran que se les está privando de unos derechos humanos fundamentales, al margen de su cultura. Independientemente de la forma de gobierno bajo la que creen vivir.

¿De dónde vienen los conflictos de ideas?

Si dejamos aparte los motivos religiosos, algunos de los conflictos más antiguos y recurrentes de la historia han sido provocados por las ideas políticas. Para precisar más, por los choques entre diferentes ideas políticas. Cuando esas ideas se organizan de una forma más o menos coherente, organizada y orientada, hablamos de ideologías; que tratan de definir cómo debe ser la relación entre el Estado y la sociedad. Además pretenden establecer los principales objetivos que la comunidad debe perseguir mediante la acción política.

Mientras algunas ideologías se basan en los principios democráticos, otras necesitan un sistema dictatorial para llevarse a cabo. De las democráticas, destacaremos la ideología demócrata-liberal (que en España estaría representada por el Partido Popular y Ciudadanos) y la socialdemócrata (tradicionalmente representada por el PSOE).

La democracia-liberal defiende la libertad del individuo, de empresa y de participación en la vida política… Según esta ideología, la maximización de la libertad personal justifica imponer limitaciones estrictas a los poderes estatales.

La socialdemocracia por su parte promueve el bienestar colectivo de la sociedad en su conjunto: las libertades de pensamiento, expresión, culto religioso, participación política, e incluso la libertad de empresa privada, pero su prioridad es la de asegurar un nivel satisfactorio de bienestar económico a todos los miembros de la sociedad y aumentarlo en la medida de lo posible. Para eso, al contrario que la democracia-liberal, la socialdemocracia pretende ampliar los poderes del Estado y limitar la libertad de la empresa privada para proporcionar a la población prestaciones lo más generosas posible en educación, asistencia sanitaria, seguro de desempleo y pensiones de jubilación entre otras.

Por lo general, las democracias de “Occidente” (EE.UU., Canadá y los países de Europa Occidental), intentan equilibrar la “exaltación” de las libertades demócrata-liberales y los beneficios de la socialdemocracia, pero cada uno se inclina más hacia una de las dos ideologías. Aunque actualmente tampoco parece haber mucha diferencia entre una y otra.

La socialdemocracia se basa en el socialismo, y la democracia-liberal, en el liberalismo, de los que ya hemos hablado en  artículos anteriores. Aunque la actual socialdemocracia se diferencia más del socialismo original que la democracia-liberal del liberalismo.

En otro artículo, hablaremos del fascismo con más detenimiento, que es otra de las ideologías básicas del s.XX, junto con el feminismo (del que también hemos hablado), el socialismo y el liberalismo, para entender la política actual.

¿Izquierda y derecha?

Podemos separar la mayor parte de las ideologías políticas entre izquierda-derecha. Esta es una definición que nació en la Revolución Francesa.

Unos años después de la Toma de la Bastilla, en 1792, se reunió la Asamblea Legislativa (conocida como Convención). Los revolucionarios que querían reemplazar la monarquía por un sistema político diferente se sentaban a la izquierda del presidente, los conservadores, que querían mantener la monarquía, lo hacían a su derecha y los moderados, que intentaban alcanzar algún tipo de acuerdo, se colocaban en el centro. Esta colocación se hizo habitual y se ha mantenido desde entonces, igual que la alineación política que implicaba.

Así, los defensores del cambio político empezaron a ser conocidos como izquierdistas, los conservadores que defendían el statu quo, derechistas, y los que se situaban en el centro, centristas. A quienes desde el ala derecha defienden posturas radicales se les suele llamar reaccionarios o “extrema derecha”, porque defienden la recuperación de un orden que existió (en realidad o idealizado) en el pasado.

Pero las ideologías no son los únicos motivos de conflicto, también están los valores, y eso lo veremos en el próximo post.

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¿Qué es el socialismo? (I)

Los movimientos socialistas surgieron en el s. XIX como una reacción contra los excesos de la industrialización y el libre mercado.

Durante la Revolución Industrial, las ciudades de los países de Europa Occidental se fueron llenando de fábricas con unas condiciones que dejaban bastante que desear tanto en medidas de seguridad como de higiene. Algo parecido a las fábricas de Bangladesh, Pakistán o Taiwán, entre otros, que vemos ahora en los reportajes de televisión denunciando las condiciones laborales del “Tercer Mundo”. Alrededor de estas fábricas, crecieron los barrios donde vivían sus trabajadores. Unos barrios que tampoco estaban en un estado mucho mejor que las fábricas.

Los gobiernos no hicieron nada, o casi nada, por regular la jornada laboral, establecer seguros de enfermedad o poner fin al trabajo infantil, así que los empresarios de la época hacían y deshacían lo que querían con los trabajadores.

La asistencia sanitaria y el seguro de desempleo no existían, o eran muy restringidos. La inmensa mayoría de los trabajadores, que ni siquiera tenían una educación básica, tenía pocas posibilidades de prosperar. Eso en la ciudad, pero en el campo, los campesinos que poseían pequeñas tierras, o ninguna, trabajaban para sus terratenientes de forma igualmente precaria.

Este tipo de condiciones, dieron pie al socialismo, que evolucionó a través de varias corrientes ideológicas que se diferenciaban en los detalles pero coincidían en un punto esencial: el capitalismo era un sistema económico inestable y explotador que tenía que ser sustituido por una sociedad más humana, basada en los valores de la igualdad y la comunidad. Algo así como “estamos de acuerdo en que nos gusta la cerveza, pero cada cual prefiere una marca diferente”.

En la primera mitad del s. XIX, algunos pensadores socialistas elaboraron planes para sustituir el sistema de libre mercado (capitalismo) por un sistema económico totalmente diferente. Este sistema consistiría en que los trabajadores, y el pueblo en general, serían propietarios de las fábricas, las granjas, las minas y otras empresas productivas. La propiedad común de la economía (o comunismo) sustituiría, por tanto, a la propiedad privada. Estos pensadores llegaron a ser conocidos como “socialistas utópicos”. El término “utópico” deriva de la descripción de una sociedad ideal en libro Utopía, publicado en 1516 por Tomas Moro (1478-1535). La mayoría de los intentos de establecer comunidades socialistas de acuerdo con este ideario fracasaron en Europa. Algunos de sus defensores viajaron a Estados Unidos y crearon “sociedades utópicas” en Texas, Indiana, Nueva Jersey y otros estados federados, aunque la mayoría de estos experimentos también tuvieron una vida corta.

Karl Marx (1818-1883), desarrolló un sistema de pensamiento mucho más sofisticado que incorporaba elementos de filosofía, historia, economía, sociología y teoría política y se convirtió en el principal referente para el socialismo del s. XX, aunque sus ideas han sido interpretadas de formas diferentes por los pensadores de su época y las siguientes generaciones

Según los socialistas utópicos, y el propio Marx, el capitalismo alberga en su seno la semilla de su destrucción y tiene que ser reemplazado por la propiedad común gestionada por los trabajadores. Tampoco establecieron una clara distinción entre “socialismo” y “comunismo” y solían usarlos indiferentemente.

Por ir acabando, según su significado original, el socialismo es un sistema económico y político que aspira a abolir la empresa privada (el capitalismo), para reemplazarla por una forma de propiedad común de las fábricas, granjas, minas… y otras por propiedades productivas.

Bueno, seguimos otro día…

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¿Qué es el liberalismo?

En principio, actualmente liberalismo significa democracia. De todas formas, vamos a comentar un poco la evolución del término.

Su definición más antigua y general, hace referencia a un sistema de gobierno que garantiza la libertad y viene de finales del s. XVII y principios del s. XVIII. Cuando apareció, suponía un desafío directo a la monarquía porque defendía que el poder del Estado debía limitarse y la Ley debía garantizar ciertas libertades. La base del liberalismo era una oposición al poder tiránico del Estado y claro, eso no gustaba mucho a las coronas de la época.

Para los primeros defensores del liberalismo, como John Locke , el liberalismo no implicaba una democracia con sufragio universal. Más bien pensaban en algo más elitista. Su idea era que sólo un pequeño sector del pueblo, formado básicamente por hombres blancos, ricos y cultos, era lo suficientemente bueno como para gobernar y asegurar los derechos civiles y las libertades. También pensaban que el voto debía estar restringido a hombres con una determinada renta.

Además, para muchos de ellos, el concepto de liberalismo incluía tanto la política como la economía. En la parte política destacaba la idea del gobierno con el consentimiento de los gobernados. La parte económica proponía que el Estado debía limitar al mínimo su papel en la economía, dejando la mayor parte de las actividades económicas en manos privadas.

Al principio, el liberalismo económico defendía la “economía de la libre empresa” e intentaba desmontar la gran estructura de impuestos, monopolios estatales y demás, que eran frecuentes (y exageradamente abusivos) en los gobiernos monárquicos y apoyaba el mercado libre de bienes y servicios.

Las ideas liberales, en los siglos XIX y XX, fueron evolucionando hacia el concepto de que un “orden político liberal” requería que la sociedad participase democráticamente. El sufragio universal se empezó a implantar después de la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres lograron el derecho al voto en Reino Unido (1918), Alemania (1919), Estados Unidos (1920) y España (1931), aunque en alguno de estos países, lo de votar duró pocos años.

Desde la Segunda Guerra Mundial, estas ideas han seguido evolucionando. Mientras los primeros liberales defendían la mínima intervención de los Estados en la economía, actualmente, en lugar de defender un sistema económico completamente libre, aceptan la conveniencia de mercados parcialmente libres y reconocen que los Estados deben recaudar impuestos, regular la banca y los mercados de valores, promover el crecimiento económico y proporcionar servicios de bienestar social a la población, como educación, prestaciones por desempleo y pensiones.

Aunque defienden que el sector público y la intervención estatal se mantengan dentro de unos estrictos límites, aceptan un grado de intervención mucho más alto que los liberales clásicos.

La mezcla de liberalismo económico y liberalismo político, ha derivado en varias corrientes de liberalismo. Por ejemplo, el liberalismo en Estados Unidos tiene un significado más restringido que lo que acabamos de contar y es una variante de la tradición liberal que algunos llaman “liberalismo del bien social” y se refiere a la intervención del gobierno en la economía y la sociedad, con el propósito de promover el crecimiento económico, el bienestar de la comunidad y la justicia social. Este tipo de liberalismo es el que se dio en Estados Unidos durante la presidencia de Roosevelt (por situarnos un poco en el tiempo) y sus defensores empezaron a llamarse “liberales”.

Frente a estos “liberales” (Partido Demócrata) están los “conservadores” (Partido Republicano) que surgen de la tradición liberal clásica de la mínima intervención del Estado en la economía. Hoy por hoy, las diferencias entre unos y otros en Estados Unidos no son tan grandes como en los años 30 del siglo XX. Si lo miramos con la perspectiva de “izquierda y derecha” que hay aquí, el Partido Demócrata es de derechas, y el Partido Republicano, lo es más.

En muchos países, el “liberalismo” tiene dos significados parecidos a los de Estados Unidos. En gran parte del mundo, el primer significado es el tradicional, o sea, que apoya la libertad política y económica frente al autoritarismo. En los países en los que la democracia está naciendo, suele entenderse en su significado originario, es decir, como un sistema de gobierno que garantiza los derechos fundamentales y las libertades básicas.

Muchos partidos que se califican de “liberales” en Europa, y otros lugares, combinan un fuerte apoyo al libre mercado con actitudes que limitan la intervención estatal para mejorar las condiciones generales de vida. Dicen que son partidos “de centro”, entre los (derecha) y los socialdemócratas (izquierda).

El “conservadurismo”, que es una evolución del liberalismo, también tiene diferentes significados según el contexto. Su significado más literal sería el de resistencia a cualquier tipo de cambio, a menos que sea absolutamente necesario. Entonces, el término “conservador”, se puede aplicar literalmente a una persona que desea que las cosas se conserven tal y como están, independientemente de que el sistema de gobierno sea una monarquía, una dictadura comunista o una democracia.

Actualmente, los dirigentes conservadores no ponen en cuestión los principios, las instituciones y los procedimientos democráticos. Entre este grupo de conservadores, y para hacernos una idea de quiénes son y cuáles son sus políticas, podríamos incluir a Ronald Reagan, George Bush (padre e hijo), Margaret Thatcher, John Major, David Cameron, Angela Merkel, Nicolás Sarkozy, José María Aznar o Mariano Rajoy.

Por regla general, todos ellos han dado prioridad máxima al libre mercado pero los europeos tienden más a apoyar un Estado intervencionista que los estadounidenses. La idea de que “el gobierno que gobierna menos es el que gobierna mejor” encaja fundamentalmente con el conservadurismo estadounidense; en cambio, los europeos valoran mucho un estado fuerte.

Para ir acabando, aunque muchos conservadores suscriban los principios liberales de la organización de la vida política y económica, liberalismo y conservadurismo no son en absoluto conceptos intercambiables.

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¿Qué es el feminismo? (I)

Feminismo

Del francés féminisme, y este del latín femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo.

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Esta definición se puede aplicar tanto a los movimientos sociales como a los sistemas que rechazan la idea de que los hombres deben tener privilegios sobre las mujeres. Estos movimientos son conocidos como feminismos de primera y segunda oleada, pero eso lo explicaremos más adelante.

Que las mujeres estudien, trabajen fuera de casa, voten y puedan ser votadas en elecciones, decidan sobre su cuerpo y cosas así, son algunos ejemplos de derechos y libertades que hoy entendemos como lógicos y normales, pero no siempre ha sido así. Estas cosas que damos por hechas, han sido el resultado de la lucha de grupos de mujeres organizadas en torno a las ideas del feminismo.

El término “feminismo” apareció por primera vez en el siglo XVIII como sinónimo de la emancipación de las mujeres.

¿De dónde viene?

Siempre ha habido mujeres que han luchado por la igualdad entre hombres y mujeres pero, por poner una fecha de inicio al feminismo, como ideología, podemos hacerlo en el s. XVIII durante la Ilustración. En esta época, se empezaron a reivindicar la libertad y la igualdad entre ciudadanos y culmina con la Revolución Francesa. La cosa está en que las mujeres quedaban fuera de esta reivindicación porque no estaban consideradas ciudadanas.

Las mujeres de entonces, pusieron en evidencia esa supuesta igualdad demostrando que, una cosa era la teoría y otra la práctica, y reivindicaron la igualdad entre hombres y mujeres.

Entre ese grupo de mujeres que reivindicaban la igualdad de derechos, destacaban Olympe de Gouge y Mary Wollstonecraft.

De Gouge, publicó el libro Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadanía en 1791. En ese libro denunciaba que los términos “hombre” y “ciudadano” se usaban mal para referirse a todas las personas porque, en realidad, excluían a las mujeres. Por su parte, Wollstonecraft criticaba a los filósofos ilustrados, especialmente a Rousseau, por hablar de la mujer como un ser artificial, débil e inferior.

Wollstonecraft, que había sido institutriz (una niñera-maestra de la época), señalaba que el razonamiento de Rousseau fallaba porque decía que los hábitos y costumbres de las mujeres (fregar, cuidar de la casa y de los hijos, etc.), eran algo natural. Wollstonecraft decía que era cosa de la socialización. Esto es: la mujer limpiando en casa y el hombre trabajando fuera de ella. La mujer “cotilleando” con las vecinas y el hombre en el bar.

Según Rousseau, una de las responsabilidades de las mujeres era transmitir los valores de la virtud y la ciudadanía a los niños pero, Wollstonecraft se preguntaba cómo podían hacerlo si las mujeres no estaban educadas para ser ciudadanas. Algo así como: ¿cómo pueden enseñar mecánica si no se les enseña qué es una bujía?

Además, Wollstonecraft planteaba un discurso que definía a hombres y mujeres como iguales, y donde defendía la independencia, autonomía e individualidad de las mujeres en todos los sentidos.

¿Mujeres y hombres y viceversa?

Feminismo, como tal, sólo hay uno; aunque, como todas las ideologías, tiene diversas corrientes. Las diferencias entre las corrientes feministas viene de una cuestión clave: Las diferencias entre hombres y mujeres ¿son naturales (biológicas y genéticas) o sociales (educativas, familiares…)?

Algunas teorías que justifican la discriminación de la photo_2017-04-10_20-28-17mujer con explicaciones de tipo biológico, se basan en una supuesta división por sexos del trabajo. Como hemos dicho antes, la mujer en casa y el hombre en el trabajo. Esto legitima la exclusión de la mujer del ámbito público, más concretamente del Estado y la política, y en buena medida también del mercado laboral.

Aunque la ciencia y la tecnología contradicen la idea de que el ser humano no puede alterar su naturaleza genética, la mentalidad de que las funciones de las mujeres y los hombres están biológicamente determinadas, aún está muy presente en nuestra sociedad.

Por otro lado, si las diferencias entre hombres y mujeres son producto de una construcción social, como decía Wollstonecraft, significaría que pueden modificarse mediante una educación y una socialización igualitaria.

La mayor parte de los movimientos feministas (que veremos en próximos posts) que se desarrollan dentro de las denominadas primera y segunda oleadas feministas comparten esta visión.

Otros movimientos consideran que el problema no es que hombres y mujeres sean socializados de forma diferente, sino que los hombres minusvaloran lo que aportan las mujeres a la sociedad. Estos movimientos aspiran a que la diferencia entre mujeres y hombres sea reconocida y valorada: los hombres y las mujeres son diferentes y hacen cosas diferentes, pero lo que hacen las mujeres vale tanto como lo que hacen los hombres.

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